Hace poco, en la ciudad de Puebla, hubo un evento muy grande sobre tecnología y ciudades modernas. Ahí estuvo invitada Rigoberta Menchú, una mujer indígena que hace años ganó el Premio Nobel de la Paz. Y aunque el evento estaba lleno de pantallas y palabras complicadas, ella se paró frente a todos para hablar de algo que en nuestros pueblos conocemos muy bien: el alma de la gente.
Una enfermedad que no se cura en la clínica
Doña Rigoberta lanzó una advertencia muy dura. Dijo que de nada sirve tener internet rápido o aparatos caros si las personas nos estamos vaciando por dentro. Ella advirtió que hoy en día padecemos de "enfermedades espirituales".
¿Qué quiso decir con esto? Que no es una fiebre o un dolor de cuerpo, sino esa enfermedad que entra cuando nos llenamos de coraje, de envidia o cuando nos hacemos de la vista gorda si alguien más sufre. En las ciudades grandes es común que la gente viva apurada y ni siquiera sepa cómo se llama el que vive en la casa de junto. Menchú nos recuerda una gran verdad: un municipio no es "inteligente" nomás por tener muchas computadoras, sino cuando sus habitantes saben convivir en paz y respetarse.
La medicina que ya tenemos en Tepexi
Aquí es donde las palabras de esta líder nos quedan como anillo al dedo en la región de Tepexi de Rodríguez. En otros lados la gente vive muy sola, pero en nuestra tierra nosotros tenemos la mejor medicina contra esa tristeza: nuestra costumbre de hacer comunidad.
Nuestra mayor riqueza no es el dinero, sino lo que hacemos todos los días: el respeto que todavía le enseñamos a los niños hacia sus abuelos, la mano que nos damos cuando organizamos la fiesta patronal, o cómo no dejamos sola a una familia cuando pierde a un ser querido. Ese apoyo entre paisanos, ese plato de comida que se comparte, es exactamente lo que la Premio Nobel dice que el mundo moderno necesita para no perder su lado humano.
Que las pantallas no nos roben nuestra forma de ser
No se trata de tirar los teléfonos ni de quedarnos en el pasado. El progreso es bueno y nuestros jóvenes necesitan la tecnología para estudiar y salir adelante. El verdadero reto es que esos aparatos no nos vuelvan fríos.
El mensaje para nuestra Mixteca es muy claro: nos enfermamos cuando perdemos nuestro espíritu. Para que Tepexi siga siendo un lugar fuerte y orgulloso, no podemos dejar que la modernidad nos quite nuestra esencia. Seguir saludando en la calle, platicar frente a frente y echarnos la mano en las buenas y en las malas, siempre será la forma más inteligente de vivir.