Azemita, Cemita, Flor de Trigo
El Rincón de Zalacaín Jesús Manuel Hernández Cuántas historias, cuántas leyendas no se han inventado en torno al popular antojito arraigado en la Angelópolis, surgido de entre los gustos de los más pobres, para treparse materialmente a las mesas de los más ricos, rodeado de misterios y envuelto en un común gusto; Cemita, entre rubia y morena, alimento de los pobres, compañera fiel de aventuras gastronómicas y auxiliar tentempié dominguero; referente indiscutible de las últimas aportaciones poblanas a los paladares surgidos de la Revolución Mexicana. Zalacaín había hecho toda esa reflexión frente a una bolsa llena de cemitas recién adquiridas en el local de "Coty" en el mercado de La Acocota, donde aún se consiguen las "auténticas", diría alguien, con migajón oscuro, medio tostadas, con sabor a resabio de pulque y con el polvo del "salvadillo" en su base luego de haber desfilado pacientemente para cocerse dentro del horno, por eso les llaman "de piso...