Ni pantallas ni rencores: El duro reto que Rigoberta Menchú lanza a los maestros y jóvenes

Cada mañana, en Tepexi de Rodríguez y sus comunidades vecinas, vemos a cientos de muchachos caminar hacia la secundaria o el bachillerato. Como padres o abuelos, hacemos el esfuerzo de mandar a los jóvenes a la escuela con la esperanza de que "sean alguien en la vida" y tengan un futuro mejor. Pero, ¿nos hemos preguntado qué les estamos enseñando realmente, más allá de las matemáticas o de cómo usar una computadora?

En su reciente visita a la ciudad de Puebla, la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, puso este tema sobre la mesa. Y sus palabras son una sacudida que debería ponernos a pensar a todos los que tenemos hijos, nietos o alumnos en nuestra tierra.



Enseñar para la paz, no para el dinero

Doña Rigoberta no solo es una figura histórica; ella misma reconoció que su vida ha estado marcada por la misión de enseñar y orientar. Con la autoridad que le da su experiencia, lanzó un mensaje muy fuerte a los docentes: advirtió que jamás podría verse en una situación donde legitime la violencia frente a la generación que está en sus manos.

Hoy en día, parece que el éxito de un muchacho se mide solo por cuánto dinero va a ganar o qué tan moderno es el celular que trae en la bolsa. Sin embargo, Menchú señala que existe una gran crisis mundial y que nuestras instituciones necesitan volver al principio para formar líderes a través de una educación basada en la estrategia de paz. ¿De qué nos sirve en Tepexi tener jóvenes muy buenos para la tecnología, si al mismo tiempo son muchachos que no saben resolver un problema sin llegar a los gritos, a los rencores o a los golpes?

La frustración de los jóvenes

Uno de los puntos más delicados que tocó la líder indígena es cómo se sienten los jóvenes por dentro. Ella mencionó que muchas personas cargan con sueños frustrados y una preocupante falta de credibilidad en sí mismos para alcanzar lo que anhelan.

Esto lo vemos seguido en nuestros pueblos. A veces, la falta de oportunidades o el bombardeo de vidas falsas y perfectas que los jóvenes ven en el internet los llena de enojo y frustración. Menchú nos recuerda que la paz no es un concepto de los libros, sino que es relacionamiento, es vivir en armonía y es, desde lo más básico, no usar palabras ofensivas contra los demás. Si en la casa y en el salón de clases no les damos las herramientas para manejar su actitud y sus emociones, los estamos mandando desarmados al mundo.

El reto para las escuelas de Tepexi

Las palabras de Rigoberta Menchú nos dejan preguntas que debemos hacernos en cada mesa y en cada junta de padres de familia en Tepexi: ¿Qué tipo de líderes están saliendo de nuestras escuelas locales? ¿Les estamos enseñando a valorar su tierra, a respetar al prójimo y a platicar para llegar a acuerdos? ¿O estamos dejando que el individualismo y las pantallas los aíslen?

El futuro de nuestros hijos y nietos dependerá del mundo que queramos construir para ellos. El verdadero reto para nuestros maestros y padres de familia no es solo exigirles buenas calificaciones, sino enseñarles a ser buenas personas. Un joven que sabe cuidar de su comunidad, que respeta sus raíces y que elige el diálogo antes que el conflicto, es el líder que Tepexi realmente necesita.

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