¿Por qué la advertencia de Rigoberta Menchú nos obliga a mirar nuestras propias raíces en Tepexi?

Recientemente, la ciudad de Puebla fue sede de un congreso internacional, ExpoLATAM, un evento caracterizado por la presencia de tecnología, innovación global y promesas de un futuro hiperconectado. Sin embargo, la voz que más resonó en ese foro no habló de algoritmos ni de internet de alta velocidad, sino de algo mucho más antiguo y urgente: nuestra humanidad.



Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, subió al estrado para lanzar una advertencia que, aunque pronunciada en la capital del estado, tiene un eco profundo para regiones como nuestra Mixteca poblana.

La trampa de la modernidad sin memoria

En un mundo que suele medir el progreso únicamente a través del desarrollo material, Menchú fue clara al señalar que la ciencia y la tecnología no pueden ser solo un patrimonio personal, sino que son el conocimiento de la propia humanidad, y de ninguna manera deben usarse para destruirla. La tecnología no destruye a nadie; somos los humanos quienes nos destruimos entre nosotros cuando perdemos nuestra esencia.

La activista y líder indígena subrayó una realidad innegable: no puede existir una ciudad inteligente si no existen ciudadanos inteligentes en ella. Para Tepexi, este es un diagnóstico crucial. A menudo, la idea de "desarrollo" se vende como la simple llegada de nuevas herramientas tecnológicas o infraestructura, pero Menchú nos recuerda que la verdadera inclusión no es una relación ficticia, sino una fuerza que tiene que impactar a las personas, a los corazones y generar una participación real. De nada sirve estar globalmente conectados si nos desconectamos de nuestros vecinos, de nuestro entorno y de nuestra tierra.

El idioma y la identidad como resistencia

Uno de los momentos más poderosos de su intervención fue su defensa frontal del conocimiento ancestral. Menchú expresó su profunda admiración por las comunidades indígenas y sus idiomas, destacando que en cada lengua existe un significado extraordinario para nombrar a la vida, dirigirse a la tierra y al creador. Afirmó que estas formas de comunicación y entendimiento del mundo son una cuna de identidad profunda.

Aquí es donde su mensaje nos obliga a mirarnos al espejo. En Tepexi de Rodríguez y sus alrededores, poseemos una herencia cultural invaluable cimentada en nuestras raíces Popolocas y Náhuatl. ¿Cuántas veces la presión de la vida moderna ha empujado a las nuevas generaciones a ver estas raíces como un símbolo de atraso? Menchú fue tajante al sentenciar que no hay ningún pueblo que no sea inteligente. Nuestra "inteligencia" local lleva siglos demostrándose: está viva en la forma en que nuestra gente entiende los ciclos de la tierra, en el trabajo artesanal e industrial, y en la cohesión que nos mantiene a flote en tiempos difíciles.

El verdadero progreso de Tepexi

El discurso de Rigoberta Menchú deja una tarea clara para nuestra región: mirar hacia adelante, pero con los pies firmemente plantados en nuestra historia. Nos advierte que los seres humanos somos vulnerables y nos enfermamos no solo del cuerpo, sino que existen enfermedades sociales y espirituales que nos atacan cuando olvidamos quiénes somos.

Frente a la avalancha de la globalización, el mayor reto para Tepexi de Rodríguez no es imitar ciegamente a las grandes metrópolis y vaciar nuestra cultura en el proceso. El verdadero éxito consistirá en usar las herramientas del presente para defender nuestra identidad comunitaria. Una sociedad que honra su pasado y protege su cultura frente a la frialdad moderna es, al final del día, la más inteligente de todas.

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